Bases teóricas

Bases teóricas

Los ciudadanos también pueden consultar las recomendaciones que sobre el consumo de agua publicaron los higienistas. En su manual de urbanidad, Manuel Antonio Carreño invitaba a sus lectores a seguir las normas básicas para evitar la contaminación del agua perdida en jarras. Por su parte, las disertaciones escritas por algunos médicos y los comunicados de la Dirección de Higiene y Salubridad de Bogotá, recomiendan hervir el agua destinada al consumo y lavar con agua hervida las frutas, los vegetales crudos y la vajilla empleada en la mesa.

La prevención de la fiebre tifoidea—una enfermedad de contagio hídrico causada por la presencia del bacilo de Eberth en el agua contaminada con materias fecales de las personas infectadas— requirió medidas adicionales de control de las diferentes formas de contagio. Era recomendable hervir no solo el agua para el consumo humano, sino también la leche que procedia de los hatos de ordeño al occidente de la ciudad, en donde escaseaba el agua potable para la hidratación del ganado y la limpieza de las cantinas. También se aconsejó no depositar excrementos en ríos y alcantarillas, no lavar la ropa con agua sucia, y no acumular basuras en las casas porque estas propiciaban la reproducción de la mosca doméstica, que en sus patas podía transportar rastros de heces contaminadas con el bacilo.

Al igual que la contaminación del agua, su continua escasez fue un aspecto bastante problemático. La longeva demanda de leña y materiales de construcción había conducido a la deforestación y erosión de los Cerros Orientales, lo cual tuvo la capacidad del suelo para retener el agua lluvia que recargaba los ríos y quebradas que descendían por las pendientes, alterando el ciclo hidrológico del altiplano de Bogotá. El agua se tornó más escasa a medida que la población urbana comenzó a crecer

En respuesta, una de las primeras tareas emprendidas por la recién creada Empresa Municipal del Acueducto de Bogotá durante la década de 1920, fue la captación del Río San Cristóbal, el cual descendía por las laderas de los Cerros Orientales para luego serpentear a lo largo de la periferia sur de la ciudad. El agua de este río fue vista como una solución ante la reducción del caudal de los ríos San Francisco, San Agustín y del Arzobispo, fuentes de abastecimiento tradicionales para la ciudad. Las obras incluyen la construcción de una bocatoma, la adecuación de dos decantadores para separar los sedimentos, la instalación de un aparato para la aplicación de cloro, y la creación de un tanque de almacenamiento de agua de 3.800 metros cúbicos de capacidad. adicionalmente, se instalaron nuevas siguiendo el diseño de una red unificada de distribución de agua. Para 1927, el acueducto de Bogotá contaba con una red de 65.603 metros lineales, aunque el número de clientes registrados apenas alcanzaba el 5,8% de la población urbana, estimada en 224.127 habitantes.



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